Estoy suscrita a un boletín interesantísimo de la página “Libros en Red” y es el Boletín LER, al que invito a otros escritores a suscribirse, pues siempre trae temas muy interesantes. Esta vez nos sorprenden con una artículo que recoge las impresiones de diferentes autores sobre lo que es la musa y lo que es el trabajo literario. Un imperdible! Disfruten.

“La literatura es mentir bien la verdad”
Juan Carlos Onetti (1909-1994), novelista uruguayo

Artistas e intelectuales, en su mayoría, coinciden: si las musas existen, se acercan solo a quienes están transpirando:

“La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, aseguraba el pintor Pablo Picasso.

“Si la inspiración no viene a mí, salgo a su encuentro, a la mitad del camino”, advertía Sigmund Freud, médico austríaco (o creativo intelectual, si se tiene en cuenta que fundó el psicoanálisis).

“El genio es 1% de inspiración y un 99% de sudor”, declaraba el inventor Thomas Alva Edison.

El sitio Buenos Aires Capital del Libro 2011 (en honor a que esta ciudad -como antes Madrid, Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Bogotá, Ámsterdam, Montreal, Turín y Liubliana- recibió por este año la distinción de la Unesco como Capital Mundial del Libro) se dedicó a plantearles esta pregunta (y otras más) a muchos escritores argentinos contemporáneos.

La pregunta es: “¿Existe para usted una rutina a la hora de escribir? ¿Repentina inspiración o hábito sostenido?”. Aquí, las respuestas más jugosas:

Andrés Neuman, contra el lugar común acostumbrado (inspiración vs. hábito), plantea:
“Creo que no existe ninguna diferencia entre el hábito y la inspiración. La costumbre fabrica epifanías. ¿Alguna rutina? La salvaje: escribir todo lo que pueda, siempre que pueda.

La autora Elsa Drucaroff opina:
“Sin el hábito sostenido, la repentina inspiración se pasa rápido y además nos maneja, llega cuando llega. Sola no sirve. Sirve cuando irrumpe mágicamente (me ocurrió, pero pocas veces), si no, hay que aprender a convocarla, facilitarla. El negro Fontanarrosa decía que la inspiración existe y a él siempre lo agarró trabajando. Ídem. Mi rutina para escribir consiste en usar todo el tiempo que puedo en depositar mi trasero en una silla preferentemente cómoda, ponerme los anteojos y empezar a teclear. Hay un momento en la elaboración de las novelas (cuando están bastante avanzadas y ese mundo y los personajes andan desplegándose en mí casi sin esfuerzo mío) en que preciso aislarme de la familia: me quedo completamente sola en algún lugar y trabajo ocho o nueve horas diarias, suelo escribir así un tercio del libro y o lo termino, o vuelvo con todo casi terminado”.

Noé Jitrik, por su parte, define:
“Podría creer que padezco de inspiración pero en realidad son solo ocurrencias a las que no les atribuyo ese carácter divino. Diría, correlativamente, que escribo por hábito sostenido; eso puede ser considerado rutina, pero en realidad escribo en cualquier parte y en cualquier momento”.

Abelardo Castillo responde con determinación:
“Ninguna rutina; detesto la palabra rutina. También detesto la palabra inspiración, que me hace pensar en señoritas sublimes al borde del desmayo. Escribo como puedo y cuando puedo”.

Y, finalmente, la siempre libre de corsets Hebe Uhart declara:
“No tengo rutina, y no sé por qué le parece a la gente tan importante la rutina de un escritor cuando al ser individuos tan distintos los escritores todos tienen hábitos tan distintos como sus peculiaridades como individuos. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, la repentina inspiración y el hábito sostenido no son dicotómicos: la inspiración (configuración de una imagen, sensación, etc.) suele venir cuando uno está o estuvo pensando largamente en una dirección“.