Era el fin de la era glaciar, el hombre estaba de nuevo en control, pasó de sobrevivir en un ambiente hostil a dominar su entorno, se producían aglomeraciones humanas, se comenzaban a establecer formas sociales más complejas y estos grupos necesitaban instaurar reglas y formas inequívocas de comunicarse. La aparición de la escritura se señala como el evento que pone fin a la revolución neolítica que ocurrió hace 10.000 años a.C y con ella surgen los llamados “homo scribens”, quienes en las comunidades formadas construyen símbolos para comunicarse.

 Más adelante en la historia, nos encontramos con pueblos avanzados como los egipcios que no conocieron la escritura hasta el año 3150 a.C., cuando, según cuenta la leyenda, el dios Thot entregó la escritura, de la cual era considerado inventor, como regalo divino al pueblo egipcio; pero esta escritura estaba restringida a una exclusiva masa social que la conocía y dominaba: los escribas, antepasados ​​de la profesión que  hoy llamamos: los notarios.

La Escritura aparece también en China, una leyenda cuenta que fue inventada por el emperador Huang Ti; aparece igualmente en Sumeria, donde era necesaria para complementar los conocimientos que se poseían sobre los números, permitiéndoles interpretarlos y utilizar estos nuevos símbolos como forma de preservar sus acuerdos comerciales.

Ya fuera vista como regalo divino, herramienta de recuento o una profesión reservada a los elegidos, detrás de la escritura residía un poder que permitía preservar la realidad de forma inalterada en el tiempo. Con ella surgieron los contratos, las letras públicas y las leyes. La palabra escrita siempre ha sido privilegiada sobre lo oral. Esto obedece a una idea muy simple: las percepciones humanas y el paso del tiempo alteran las narraciones, pero lo que está escrito permanece sin cambios.

Además debemos detenernos a pensar en lo que escribir le hace al cerebro: apoya el desarrollo de procesos increíblemente valiosos en el siglo XXI como el pensamiento conceptual, la transferencia de conocimientos, el desarrollo del juicio, el análisis crítico, la inducción, la deducción y la evaluación del conocimiento previo. Según la investigadora y Neuróloga Judy Willis, en su trabajo: “The Brain-Based Benefits of Writing for Math and Science Learning”, nos dice que ” Cuando el escribir está integrado a lo largo del currículo, se promueve el enfoque atento del cerebro para el trabajo en clase y las tareas, aumenta la memoria a largo plazo, iluminan patrones, da tiempo al cerebro para la reflexión, y cuando es bien guiada, es una fuente de desarrollo conceptual y estímulo de la más alta cognición del cerebro[1] “.

Para tener un referente cercano, la incursión de la escritura en la educación de Estados Unidos estuvo en sus inicios enfocada en la enseñanza de la lengua y la literatura. Esta instrucción estaba dedicada a las cinco artes del lenguaje: lectura, escritura, expresión oral, comprensión auditiva y la literacia visual, que es la capacidad de comprender o “leer” imágenes.

En 1873 las escuelas primarias estadounidenses no enseñaban composición escrita, sino que su papel era ayudar a los estudiantes escribir bien las palabras y tener una grafía manuscrita legible; pero ese mismo año la Universidad de Harvard  incluyó como requisito para su proceso de admisión que el candidato presentara una composición escrita acerca de una obra literaria, inmediatamente otras universidades comenzaron a exigir el mismo requerimiento.  Este hecho cambió el currículo de las escuelas de toda la nación, que debían preparar a sus estudiantes para ser capaces de redactar un “buen ensayo” que les permitiera entrar a Harvard o a cualquier otra universidad, pues al ser aceptados, estos estudiantes de alguna manera se convertían en promotores activos de la calidad de la educación de una escuela en particular, sus logros  eran también los logros de sus centros educativos y sobretodo de los maestros de esas escuelas.

En el 1966 en la conferencia de Dartmouth…

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 Referencias bibliográficas

1.Carl Nagin, National Writing Project. (2006). Because Writing Matters. USA: National Writing Project.

2.Guthrie, J.W. (2003). Enciclopedia of Education. New York: Macmillan Reference USA. James Gray. (2000). Teachers At the Center. California, USA: National Writing Project.

3.Hogge, Joan Ellet. (1985). Understanding the Writing Process through Brain Hemisphere Neurology. 2014, de ERIC Sitio web:http://www.eric.ed.gov/PDFS/ED269768.pdf

4.Jorge Max Fernández. (1980). Sistema educativo dominicano: diagnóstico y perspectiva. Santo Domingo: INTEC.

5.Judy Willis. (2011). Writing and the Brain: Neuroscience Shows the Pathways to Learning. 2014, de NWP Sitio web:http://www.nwp.org/cs/public/print/resource/3555

6.Judy Willis. (2014). The Brain-Based Benefits of Writing for Math and Science Learning. 2014, de Edutopia Sitio web: http://www.edutopia.org/blog/writing-executive-function-brain-research-judy-willis.

7.Martin, H.-J. (1994). The history and power of writing. Chicago: University of Chicago Press.

8.Paula Carlino. (2009). Paula Carlino en el documento Enseñar a escribir en la universidad: cómo lo hacen en Estados Unidos y por qué.. 2014, dehttp://www.rieoei.org/deloslectores/279carlino.pdf Sitio web: http://www.rieoei.org/deloslectores/279carlino.pdf

9.Oficina Nacional de Estadística (ONE). (2013). Tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más. 2014, de Oficina Nacional de Estadística (ONE) Sitio web:http://www.one.gob.do/index.php?module=articles&func=view&ptid=12&catid=328

10.Tirso Mejía Ricart. (1981). La Educación Dominicana 1961-1980. Santo Domingo: Editora de la UASD.

11 . William J. Farrell. The Power of Writing. 2013, Sitio webhttp://wac.colostate.edu/journal/vol3/farrell2.pdf


[1] Judy Willis. (2014). The Brain-Based Benefits of Writing for Math and Science Learning. 2014, de Edutopia Sitio web: http://www.edutopia.org/blog/writing-executive-function-brain-research-judy-willis. “When writing is embedded throughout the curriculum, it promotes the brain’s attentive focus to classwork and homework, boosts long-term memory, illuminates patterns, gives the brain time for reflection, and when well-guided, is a source of conceptual development and stimulus of the brain’s highest cognition”.

[2] Writing At Yale en Thurn, 1999. P. 38. Citado por Paula Carlino en el documento Enseñar a escribir en la universidad: cómo lo hacen en estados unidos y por qué.